La cama esta fría, ya ni mi calor la llena.
Recorro con los dedos el aire dibujando tu cuerpo en las luces del amanecer que irrumpen en mi habitación iluminando tu ausencia.
Mi mano se tiñe del color anaranjado del cielo y cae suavemente sobre el vacío de mis sabanas, mientras la luz inunda cada rincón de la habitación en la que desesperadamente busco, con la vista cansada, una razón para salir. Pero no hay mas que vacío, metros y metros de vacío, que se extienden ante mi mirada, que salen de mi casa, que doblan todas esas esquinas tras las que siempre temo encontrarte.
Pero no estas, el tiempo ha apagado tu calor, el viento se ha llevado el aroma de tu pelo con el que bailaba todas esas tardes de otoño como olas de un mar dorado y ya no queda nada mas que tu recuerdo, que cada día se consume como los últimos leños de una hoguera que terminaran siendo ceniza, pero siempre me quemaran las ascuas de tus momentos.
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